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CARTA DEL ERI A LOS EQUIPISTAS DE TODO EL MUNDO

 

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Queridos Matrimonios equipistas y Consiliarios Espirituales de los Equipos de Nuestra Señora:

Al concluir este XII Encuentro Internacional, tenemos el corazón desbordante de alegría y estamos con el deseo de perpetuar y replicar todo lo vivido en estos intensos y enriquecedores días. Cada uno de nosotros está “contagiado” de la inmensa riqueza de nuestro carisma de la Espiritualidad Conyugal, de vivir la mística de la unidad entorno a Cristo, que nos convoca en medio de la riqueza de nuestra diversidad, de la alegría de caminar juntos, de la fidelidad a nuestra esencia. Nos llevamos en el corazón la gracia de haber sentido en la “Reconciliación, signo de amor” el sentido profundo de nuestra filiación divina y su gratuidad.

Lo vivido en esta semana intensa, pero al mismo tiempo reducida, porque no quisiéramos que terminara, no se puede quedar como un recuerdo, sino como una fuente de luz que con nuestras obras seguiremos alimentando e irradiando, multiplicándola en nuestro entorno con todos aquellos que no pudieron vivir directamente esta gracia.

Es ahora el momento propicio, en el que estamos con el corazón abierto y dispuesto, para transmitirles el discernimiento que nos ha llevado al final de este camino y al inicio de otra nueva etapa, y que nos servirá como inspiración para empezar a escribir la bitácora de la hoja de ruta que empezaremos a recorrer, en sincronía con el caminar de la Iglesia, en fidelidad a nuestros orígenes y en la mística de nuestra total adhesión a Cristo y Nuestra Madre María que nos conduce y nos alienta.

En el mundo de ayer y hoy, siempre han existido las luces y las sombras. En contraste con las sombras que acechan, hoy también hay muchas luces y signos de esperanza que estamos llamados a levantar porque “Nadie enciende una lámpara y luego la cubre con un tazón o la esconde debajo de la cama. Una lámpara se coloca en un lugar alto, donde todos los que entran a la casa puedan ver su luz” Lucas 8:16-18.

El camino del proyecto de vida que nos proponen los ENS es una ruta que trazada sobre esa gracia perfecta que nos fue concedida: el carisma de La Espiritualidad Conyugal, es transitado por nosotros, hombres y mujeres imperfectos que, en nuestra adhesión a ese don, tenemos y manifestamos nuestras propias fortalezas y también nuestras grandes fragilidades, pues también somos portadores de luces y sombras, por lo que nunca debemos perder la capacidad de discernimiento y autocrítica. Así como nos lo recuerda el Papa Francisco, si hacemos la analogía con la familia de los ENS: «no existe la familia perfecta, pero no hay que tener miedo a la imperfección, a la fragilidad, ni siquiera a los conflictos», en los que jamás podemos perder nuestra mística ni el sentido de colegialidad para discernir Su voluntad.

Si alrededor nuestro hay sombras, no es porque las causen otros, es porque nosotros no estamos irradiando la luz suficiente para aclararlas. Por eso, hoy más que nunca, los Equipos de Nuestra Señora tenemos un papel concreto y un deber que debemos asumir. Parafraseando al Papa Francisco en EG No 171: Hoy la Iglesia y el mundo necesitan de nosotros, matrimonios de los ENS, para que, desde nuestra formación y nuestra experiencia de acompañamiento, conociendo los procesos donde campea la prudencia, la capacidad de comprensión, el arte de esperar, la docilidad al Espíritu, ayudemos entre todos a cuidar a las ovejas que se nos confían, de los lobos que intentan disgregar el rebaño.

Durante los últimos años en el movimiento, nos hemos preparado para “SER”, para comprender la riqueza de nuestro sacramento y de nuestra conyugalidad, formándonos, fundamentando nuestra fe, y “VIENDO” y tomando conciencia del papel misionero que nos demanda la Iglesia. Esta cronología del caminar en el movimiento es la misma que discurre en la vida del discípulo que tiene un orden lógico que no debemos alterar. El “SER” como Cristo -sobre la base de la nueva naturaleza que se inicia a partir de la experiencia de encuentro, nos lleva a “VER” la vida con los ojos de Cristo y esta mirada evangélica nos llevará, si así lo permitimos, a vivir, o lo que es lo mismo. a “ACTUAR” como Cristo.

Evitando el riesgo de caer en la espiral de la repetición, si nos quedamos anclados girando sobre nuestro propio eje, en este nuevo período de vida del movimiento que se inicia a partir de este XII Encuentro Internacional y siguiendo la misma dinámica del crecimiento del discípulo, la Orientación General que hoy os proponemos y que guiará nuestro caminar seguirá siendo una invitación a actuar, concretando nuestra Vocación y Misión y haciendo vida en nosotros el llamado que dice:

“NO TENGAN MIEDO, SALGAMOS...”

Que estará iluminada por dos textos bíblicos que nos acompañarán en esta etapa del camino:

“Así que no temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré”; Is 41,10 Promesa que nos alienta a dar ese paso que nos aparta de nuestras seguridades pero que al mismo tiempo nos reviste de la autoridad que no viene de nosotros sino del actuar dóciles y confiados en Aquel que nos llama y a quien queremos imitar.

Y la segunda “quítate las sandalias de los pies, porque el lugar donde estás parado es tierra santa”. Ex 3,5 que nos permitirá recordar siempre, que en esa “salida” que emprendemos, no somos superiores a nadie sino solo instrumentos de la misericordia de Dios, de manera que todas las tierras que pisemos, todas las realidades que afrontemos, serán abordadas como lugares santos de evangelización donde Dios está presente aún en circunstancias difíciles que no alcancemos a comprender.

En este caminar al lado de la Iglesia en salida, concretaremos aún más este espíritu y esta nueva dinámica misionera a la que nos invita el Papa Francisco, siempre con el propósito de ayudar a descubrir y a vivir la verdadera naturaleza del amor humano, discerniendo, acogiendo y acompañando desde nuestra especificidad y siempre fieles a nuestro carisma.

En este discurrir tendremos como soporte y referencia el nuevo documento de Vocación y Misión que, al alba del tercer milenio, el Equipo Responsable Internacional ha entregado en este encuentro con una visión de pasado, presente y futuro de nuestro movimiento, de manera que podamos:

  1. Discernir en nuestro entorno los desafíos a los que podemos responder como movimiento,

    “Y esto pido en oración: que vuestro amor abunde aún más y más en conocimiento verdadero y en todo discernimiento” Filipenses 1:9

    Al asumir el movimiento con clara conciencia, el sentido real de su misión en la Iglesia y en el mundo, podemos vislumbrar que nuestro fin, al que nos lleva nuestro carisma, es no sólo el cultivo de la espiritualidad conyugal y de la sacramentalidad del matrimonio, en la que, por supuesto no debemos dejar de trabajar porque es nuestra esencia y el verdadero “catalizador” de nuestro sentido de misión, sino también la promoción de una conciencia y un espíritu misionero en cada miembro, en cada equipo.

    Espiritualidad no es sinónimo de pasividad, ni la espiritualidad se construye alejándose del mundo. En la reciente Exhortación Apostólica “Gaudete et Exsultate” el Santo Padre Francisco lo expresa claramente: (GE 26). “No es sano amar el silencio y rehuir el encuentro con el otro, desear el descanso y rechazar la actividad, buscar la oración y menospreciar el servicio. Todo puede ser aceptado e integrado como parte de la propia existencia en este mundo, y se incorpora en el camino de santificación. Somos llamados a vivir la contemplación también en medio de la acción, y nos santificamos en el ejercicio responsable y generoso de la propia misión.”

    Con este propósito, y sin ningún menoscabo de la libertad y de la iniciativa personal de los equipistas, los ENS estamos llamados a buscar, apoyar y fomentar, ya no por iniciativas aisladas sino con nuestra estructura organizativa y de animación, programas concretos de acompañamiento a las parejas en las situaciones que el mundo de hoy provoca. Esa es nuestra fortaleza y esa es una contribución concreta que podemos brindar a la Iglesia y al mundo hoy.

  2. Brindar un nuevo impulso y un nuevo espíritu en la Difusión del Movimiento acorde con las cambiantes realidades que debemos identificar.

    “Respondiendo Simón, dijo: Maestro, hemos estado trabajando toda la noche y no hemos pescado nada, pero porque tú lo pides, echaré las redes” Lucas 5:5

    Así como en el marco de la Nueva Evangelización, es importante dar a conocer las riquezas del matrimonio cristiano en el mayor número posible de países, en los ENS sabemos bien en qué medida la pedagogía de los Equipos de Nuestra Señora y la vivencia de nuestro proyecto de vida hace evolucionar positivamente la relación hombre-mujer en cualquier contexto geográfico. En este anhelo de expansión, en el que con el esfuerzo y la perseverancia de todos. se han obtenido frutos maravillosos, no podemos dejar de pensar y trabajar sin olvidar dos palabras claves: interculturalidad e inculturación. La primera para entender que somos distintos, pensamos de diferente manera y provenimos de culturas distintas que debemos comprender y aceptar y la segunda, para no olvidar que nuestra formación, nuestra pedagogía, y todos los elementos que nos construyen, sin perder la fidelidad a su origen, deben ser llevados y adaptados a cada cultura a partir de la comprensión de su pensamiento, sus expectativas y sus necesidades. Nuestro campo de misión en la difusión del movimiento también debe mirar a aquel sur que el ángel del Señor le indicó a Felipe “levántate y marcha hacia el sur, por el camino de Jerusalén a Gaza. (Este es un camino desierto)” Hechos 8, 26 sin caer en la tentación de la eficacia o de los números, para que todos los matrimonios del mundo, sea cual sea su condición, situación y origen, puedan conocer el don y la gracia que nos ha sido confiada.

  3. Y practicar siempre «el arte del acompañamiento»

    “En conclusión, sed todos de un mismo sentir, compasivos, fraternales, misericordiosos y de espíritu humilde” 1 Pedro 3:8

    La palabra acompañar, como nos lo insiste el papa Francisco, es la clave de nuestro mirar hacia afuera. Como lo explicita el documento de Vocación y Misión, los Equipos estamos ya iniciados en ese arte que implica acogida, escucha, compasión, aliento, paciencia, discernimiento, reciprocidad ... ... Estamos llamados por la Iglesia a acompañar especialmente los momentos de mayor fragilidad: el camino hacia el compromiso firme y duradero; los primeros años de vida matrimonial; las etapas de crisis y dificultades; las situaciones complejas derivadas de fracasos, abandonos e incomprensiones. Necesitamos cada día más, “especializarnos” en el arte del acompañamiento de todas las realidades que, desde nuestra especificidad de la espiritualidad conyugal, podemos aportar a la iglesia, que necesita, hoy más que nunca, de discípulos misioneros formados, campo en el que los Equipos de Nuestra Señora jamás cejaremos de concentrar nuestros esfuerzos.

Como siempre en nuestro actuar, encomendémonos a Nuestra Madre María, intercesora y guía en el camino que nos conduce para poder ser, como la santa Madre Teresa anhelaba, ese lápiz en las manos de Dios, para escribir lo que Él quiere.

Que así sea,

 

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To y Ze Moura Soares Clarita

Responsables Internacionales 2012-2018

 

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Edgardo Bernal Fandiño

Responsables Internacionales 2018-2024